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Historia De La Apicultura

🐝🇨🇴



En las civilizaciones mediterráneas se fue gestando la apicultura durante el periodo comprendido entre los 8000 y los 4000 años antes de Cristo. El hombre pasó de ejercer una actividad recolectora a proporcionar a las abejas un habitáculo, fabricado por este con diversos materiales, para que pudieran anidar y construir los panales en su interior. Este recipiente, llamado posteriormente colmena, permitía tener las colonias de abejas en un lugar cercano y accesible para cosechar con mayor facilidad la miel y otros productos apícolas (Legislatura Querétaro, 2018).

En América distintas tribus indígenas se beneficiaban de los productos obtenidos de la colmena utilizando en gran medida la cera y miel de abejas, durante la conquista española fue introducida al continente la abeja Apis Mellífera, especie que, debido a su alta producción de miel y su adaptabilidad, desplazo rápidamente las abejas nativas. (Silva, Arcos, & Gómez, 2006) La apicultura ha pasado por dos etapas cruciales para su desarrollo, la primera llamada apicultura rústica que fue utilizada desde la colonia hasta mediados del siglo XX, hace referencia a la técnica en la que se emplea colmenas simples que son cajones o estructuras vacías como troncos huecos, donde las abejas construyen de forma irregular su colmena lo que no permite la adecuada explotación de los productos. (Silva, Arcos, & Gómez, 2006)

La segunda etapa, es llamada apicultura moderna que tiene su origen en Europa y América del norte, la cual consiste en crear una colmena de tipo vertical que cuenta con cuadros y alzas móviles. Las alzas son cámaras que sirven para el desarrollo de la cría de abejas y/o almacenamiento de miel y polen, los cuadros son láminas de cera donde las abejas construyen las celdas hexagonales que contienen la miel. Este nuevo tipo de colmena facilita la labor del apicultor en la medida que no es necesaria la destrucción de la misma para la extracción de sus productos. (Silva, Arcos, & Gómez, 2006)

Antecedentes de la apicultura en Colombia.

En Colombia la apicultura tuvo como impulsor al sacerdote italiano Remigio Rizzardi fundador del primer apiario científico de abejas italianas en Mosquera Cundinamarca y promotor de todo tipo de actividades apícolas a finales del siglo XIX.


A partir del año 1930 se empezó a implementar de manera paulatina en Colombia la apicultura moderna generando un cambio positivo en el aprovechamiento de las colmenas. Hacia la década de 1950 el Ministerio de Agricultura crea la división de apicultura en la oficina de industria animal desarrollando la campaña apícola nacional en 1953, donde se logra capacitar a nivel nacional grandes grupos de apicultores y se formulan diversos proyectos de producción logrando así la divulgación e intensificación de la apicultura (Silva, Arcos, & Gómez, 2006)

Según Santamaría (2009), para finales de la década de 1970 se presentaba en Colombia un crecimiento de la actividad apícola promovido en mayor parte por Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural a través de las secretarias de agricultura y desarrollo de los departamentos, el Instituto Colombiano Agropecuario ICA y la Federación Nacional de Cafeteros, los cuales ejecutaron programas y proyectos para el fomento de esta actividad con el fin de obtener una diversificación de cultivos y así promover las exportaciones. Esta época fue interrumpida por la invasión de la abeja africanizada a Colombia, puesto que:


Como es sabido, en 1956 el investigador brasilero Warwick Stevan Kerr introdujo al Brasil reinas de abeja melífera africana Apis Mellifera Adansonii, con el fin estudiar las posibilidades de cruzamiento con la abeja europea adaptada al trópico americano. Algunas de estas reinas escaparon y se inició a partir de ese momento el proceso de africanización de la abeja melífera en América. Esta nueva abeja africanizada se desplazó rápidamente por el continente americano, y fue reportada por primera vez en Colombia en 1980. (Santamaría, 2009) La incursión de la abeja africanizada en el territorio nacional generó todo tipo de alarmas e inconvenientes por su comportamiento agresivo, lo que llevó a muchos productores a abandonar sus apiarios por la falta de conocimiento en el manejo de este nuevo tipo de abeja (Santamaría, 2009). Esta situación conllevo a que muchas instituciones que en algún momento fomentaron la apicultura rechazasen las técnicas para el manejo de la abeja africanizada afectando de manera directa a los programas apícolas existentes en el momento.

Para la década de 1980 se presentó en Colombia una deserción masiva por parte de los apicultores que no fueron capaces de adaptarse a este nuevo tipo de abeja, aquellos productores que decidieron continuar con esta actividad mantuvieron viva la apicultura en Colombia, permitiéndoles así desarrollar de manera empírica diversas técnicas para el manejo y aprovechamiento de este nuevo tipo de abeja que aunque bien es más agresiva que las abejas europeas es también mucho más eficiente y productiva que cualquier otro tipo de abeja. (Santamaría, 2009)

Cuando se empezaba normalizar la actividad apícola en Colombia y crecía la aceptación de la abeja africanizada se presentó en Colombia a mediados de la década de los 90 una plaga de Varroa Destructor que ocasionó grandes pérdidas en la actividad apícola a nivel mundial. “El Varroa Destructor es un acaro que parasita las larvas, pupas y adultos de la Apis melífera debilitando así la colonia. Para el control de esta plaga es necesario el uso de ciertas sustancias químicas las cuales generan residuos químicos indeseables en los productos de la colmena que son prohibidos en Europa y Norte América. (Santamaría, 2009)

Los apicultores en Colombia fueron reacios al uso de sustancias químicas para el control de plagas lo que género que las abejas presentaran mayor resistencia a la misma plaga, esto permitió la selección de colmenas inmunológicas a este acaro dejando de ser un problema para la apicultura moderna en Colombia. Aunque en la actualidad son diversos los tipos de abejas que se usan en la apicultura nacional, la abeja mayormente empleada es la abeja africanizada por su alto nivel de productividad, adaptabilidad climática y resistencia a las plagas, solo en la isla de San Andrés se conserva las abejas europeas (Santamaría, 2009).

Pese a que en un principio existió gran oposición por parte de instituciones públicas y privadas por el uso de una abeja altamente agresiva, puesto que, las mismas representan un riesgo para las comunidades que residen cerca a los lugares de ubicación de los Apiarios. (Silva, Arcos, & Gómez, 2006) Se logró alcanzar un grado de desarrollo y conocimiento técnico que permite el manejo responsable de las abejas africanizadas, permitiendo así reconocer las bondades que aportan los productos apícolas en salud y alimentación, el alto beneficio económico que se genera frente a la baja inversión y esfuerzo de trabajo que representa, ocasionando que la práctica de la apicultura se incremente gradualmente en el país en los últimos años. Este auge apícola en Colombia ha tomado un especial interés por lograr una mayor participación institucional y por la necesidad de agremiar a los productores (artesanales, semi-industriales e industriales) y comercializadores de las diferentes regiones del país. (Silva, Arcos, & Gómez, 2006)


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